sábado, 6 de febrero de 2010

TRESSOR SÓLO PIENSA EN SU EQUIPO

La historia de los clásicos es, en parte, la historia de la ciudad. Desde hace más de 60 años, Medellín y Nacional dividirán los sentimientos en Antioquia. El último campeón no tendrá a Javier ‘Choronta’ Restrepo, pero debutará el delantero paraguayo Mario Edison Giménez.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
En la década de 1940, en aquel fútbol prehistórico, el Medellín fue el monarca de los torneos de primera categoría que organizaba la Liga Antioqueña de Fútbol. Huracán era el contrapeso del equipo más popular, pero su nivel tampoco alcanzaba para vencer al ‘equipo de la camiseta que no se destiñe’, como le decían al ‘Rojo’.
Unión Indulana (hoy Atlético Nacional) no era gran protagonista, pues estaba varios escalones abajo del equipo más popular de la región. Llegó el fútbol profesional y el Unión ya era Atlético Municipal y dos años más tarde, en 1950, sería Atlético Nacional.
Es que era el mejor equipo, dicen en ocasiones aquellos ancianos que vieron a ese gran Medellín F.B.C. Cerca de tres años se adueñó de los clásicos regionales y no daba cabida para que el otro equipo de la ciudad hiciera contrapeso.
Las razones: Medellín se caracterizó por ser el equipo popular, el de la gente, y además, tenía los mejores jugadores y ahí ya no hay discusión.
Como en esa época el equipo rojo mantuvo firme su monarquía, desde el 13 de mayo del año pasado el Medellín no cae con Nacional. Mejor fútbol, sumado al último campeonato, es un fuerte argumento para que ‘El Poderoso’ pueda alargar su invicto, acompañado del buen juego.
Y seguro que Tressor Moreno puede ofrecer al partido una cuota de emoción y de seguridad para que los atacantes del visitante de hoy puedan tener opciones claras para anotar.
Hace tres semanas está entrenando en la ciudad y, de verdad, Leonel Álvarez lo ha sorprendido. “Llevaba cuatro años y medio en México y no me había tocado un entrenador que exigiera tanto en cuanto a la parte táctica y que trate de corregir a los jugadores lo que más pueda. Eso es importante porque eso crea una responsabilidad en la cancha y, sabiendo de que todo lo que has trabajado en la semana, no puedes descuidarte un segundo porque te cuesta un partido”, contó este chocoano de 31 años.
Sin Javier ‘Choronta’ Restrepo, el DIM suplirá su ausencia con el joven Juan López, de 19 años, y quien ajustará dos partidos como titular en la mitad de cancha. Seguro serán más compromisos de titular porque el ‘Choro’ estará, por lo menos, tres semanas fuera de las canchas.
“Yo creo que la diferencia se va a notar mucho en el medio. Si llegamos dos o tres veces hay que hacer los goles. Tú le perdonas la vida a un rival en un clásico y de una u otra manera en una jugada pueden sacar la victoria”, aseguró Tressor.
Al chocoano no le gusta hablar del rival y prefiere preocuparse por su equipo. “Uno tiene que tratar de suplir las falencias que uno debe tener en el equipo y no pensar tanto en el rival. El rival cuenta mucho pero es más importante el trabajo que nosotros hagamos en la semana”, argumentó.
Leonel Álvarez contará con el debut del delantero paraguayo Mario Edison Giménez, desplazando a César Valoyes, quien será emergente.
El clásico 261 es fundamental para Medellín. De un buen resultado depende la tranquilidad con la que afrontarán el debut en la Copa Libertadores ante el Cerro Porteño en Paraguay. “La Copa todavía no la vivo porque todavía me espera el clásico”, recordó el hombre de las ideas, Tressor Moreno.

viernes, 29 de enero de 2010

EL BARRENDERO DE LA ZONA IZQUIERDA

Roberto Carlos Cortés, Tressor Moreno, Anselmo de Almeida, José Alejandro Vasco, Lewis Ochoa y Nelson Barahona, las contrataciones del Medellín para 2010, ya fueron ostentados ayer por el presidente Jorge Osorio Ciro, de cara a la Liga Postobón I que comienza hoy. Llegó el debut y el ‘Rey de Corazones’ ya palpita la defensa del título.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
Es escaso, atípico, extraño y hasta curioso encontrar jugadores que se sientan ligados a un equipo de fútbol. En ocasiones danzan como bailarinas que van de un lado a otro. Algunas veces vuelven a su casa, aunque en otras el interés se limita, solamente, al beneficio económico. Encontrar deportistas de corazón e identificados con un equipo es muy difícil.
“Una vez le dije que porqué no me hacía un contrato vitalicio”, le dijo en una ocasión Roberto Carlos Cortés al presidente del DIM, Jorge Osorio Ciro.
De nuevo en casa, con el equipo que ama, como si tuviera 18 años y fuera a debutar de nuevo, así se siente el lateral antioqueño Roberto Carlos. ¡Cómo no querer al Medellín si es recibido como un hijo!
Al lado de Tressor Moreno, Anselmo de Almeida, José Alejandro Vasco, Lewis Ochoa y Nelson Barahona, Roberto Carlos Cortés fue presentado ayer como una de las seis contrataciones que hizo el Medellín para jugar los tres torneos que tiene que afrontar esta temporada.

Bienvenida sin despedida
“Roberto, especialmente a vos, bienvenido a nuestra institución y ojalá te quedes para siempre”, fueron las palabras de Jorge Osorio Ciro.
Tal vez, una bienvenida sin despedida, para que se quede con el equipo en el que se convirtió en ídolo. El presidente del club, con su acostumbrado carisma quiso, decir la verdad sobre el ‘Choto’ Cortés.
“Pero que cuente la verdad. Él me dice de manera respetuosa ‘Don Jorge’, cuando está más cariñoso me dice ‘enano’. ‘Don jorge, aunque sea de barrendero de aquí no me sacan’”, pronunció el dirigente las palabras que le había dicho tiempo atrás el jugador.
El lateral dejó claro que su deseo es estar en Medellín y el cómo no importa. El corazón es más fuerte que cualquier razón.
“Cuando termine mi carrera como futbolista quiero seguir como técnico, ojalá Dios quiera y se me dé, de morir acá en el rojo”, manifestó el jugador, que como Vasco, Ochoa y Moreno, regresan a una institución a la que están muy ligados. Mientras que Nelson Barahona y Anselmo de Almeida desean escribir una historia importante como la de la quinta estrella del DIM, que ahora es dorada.
“Este Medellín del año pasado comenzó a escribir una historia diferente. Queremos aportar todo lo posible para que el Independiente Medellín llene de gloria y alegría a la hinchada”, manifestó el médico Osorio Ciro. Y dorada será esa estrella en el uniforme, por la campaña y las cifras que acompañaron ese importante título del último campeón colombiano.

Debut ante Santa Fe
“Con Leo (Álvarez) hemos trabajado mucho lo que él pretende en la cancha. La idea básica es que nosotros podamos ser técnicos en la cancha. Ahorita tengo la oportunidad de jugar donde más me gusta”, contó Tressor Moreno, que hoy será novedad en el Medellín.
El campeón aparecerá frente su hinchada a las 8:15 de la noche cuando juegue con Santa Fe. La reaparición de Tressor Moreno, el reemplazo de Juan López por Juan Esteban Ortíz y la vuelta a casa de Roberto Carlos Cortés, son las novedades para el inicio de campeonato. No está confirmado que pueda jugar Nelson Barahona, pues tiene fecha de sanción por acumulación de tarjetas en el Atlético Huila. Sin embargo, el panameño podría actuar si es habilitado por la presencia del volante Javier Calle en la Selección Colombia Sub-20.
Hoy regresa, triunfante y alegre. Roberto Carlos Cortés volverá a jugar como lateral izquierdo porque Juan David Valencia está suspendido. El ‘Choto’ no se imagina la ovación cuando sea coreado su nombre en la tribuna. Va a dejar atrás la ‘mala fama’ que se formó cuando salió por la puerta de atrás del Medellín, porque hay que dejarla “bien enterradita”, pues así sea como barrendero, este lateral quiere quedarse para cuidar eternamente la zona izquierda del Poderoso.

sábado, 9 de enero de 2010

UNA VIDA QUE DESBORDA POR LA FIESTA

En Isla Fuerte la fiesta hace parte de la vida. Los casi 2000 habitantes de esta isla, perteneciente al archipiélago de San Bernardo, en el Departamento de Bolívar, los une la pesca, la tierra, su sangre y la champeta.


Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
En la cancha de fútbol de Isla Fuerte hay 22 burras pastando. Son las seis y treinta de la tarde y el sol apenas brinda sus últimos rayos de sol.
El campo fue donado por el gobierno de Andrés Pastrana y está ubicado al lado de El Bonga, el árbol más antiguo y grande de la isla. Tiene 500 años de vida y bajo sus ramas hay un par de enamorados que ven caer la tarde mientras las 22 jugadoras se alimentan para un partido más.
Al otro día tendrán que cargar, caminar y sentir el sol abrasador del Caribe colombiano. Seguro que su fisionomía está dispuesta a soportar con poca agua el trabajo que necesitan hacer los isleños.
Es un sábado, el primero después del fin de año y los habitantes de Isla Fuerte todavía se reponen de la fiesta que terminó hace seis horas, luego de un par de días de intensa euforia, mucha cerveza y desborde incontrolable de caderas, al son de la champeta.
La energía llegó hace 30 minutos y estará durante 12 horas hasta las seis de la madrugada. Los isleños apenas encuentran que funciona la corriente eléctrica prenden sus equipos de sonido. Sofisticados, modernos, tal vez, el principal electrodoméstico de estas familias costeñas. ¡Qué más importante que una buena música y cervezas heladas!
Se escuchan algunos vallenatos, pero retumba la champeta. Muy cerca, en Cartagena, ‘El Celular’ fue una de las canciones que más se escuchó en la celebración de fin de año. Es fin de semana y la rumba no se hace esperar.
“Cuando cogen una canción la queman”, dice una de las isleñas.
Hay una fiesta de quince años. Un par de negros se encargan del sonido, que se escucha desde cualquier lugar de la isla. Con computador, mezclador y potentes bafles la celebración promete ser hasta la madrugada.
Los habitantes están concentrados en el mismo lugar. En la Discoteca La Isla es la fiesta de esta noche. Es en una casa desocupada, con paredes de color naranja y un par de ventiladores insuficientes para el calor que genera el baile, parecido a un rito sexual, por el movimiento de las caderas, muy ajustadas. Es imposible no sentirse.
“En esta Isla todos somos familiares de todos. Todos nos conocemos, por eso hay tanto niño enfermo porque se mezclan las familias”, cuenta uno de los hombres del lugar. Él, sólo tiene que dar un par de pasos para cruzar la calle y estar en la celebración de quince años.
“Por la mañana terminamos la fiesta de fin de año y vamos a seguir celebrando esta noche”, asegura.
El baile es dentro de la casa, la risa y la charla es afuera. No hay hombres y mujeres juntos. Cada uno por su lado y en grupos, esperan la mejor canción para mostrar sus dotes de bailarines del caribe. Ellos tienen sabor y la incitación al sexo se percibe en el aire. Las mujeres desfilan con sus escotes atractivos, pero sus ropas, bien ajustadas a sus caderas, son motivo de atención para los hombres.
“Todo el pueblo está acá”, cuentan.
Toman Costeñita. La casa se llena cuando escuchan una champeta. La discoteca arde de euforia. El movimiento de las caderas simulan el acto sexual. Hombres y mujeres sudan, el movimiento es intenso y todos demuestran estar concentrados. Es fundamental estarlo, la música hay que sentirla, el cuerpo del otro hay que vivirlo.
No hay vals y al inicio de la noche se escuchó “Tú cumpleaños”, de Diomedes Díaz. El resto de la noche no hay fiesta de quince años, no se distingue quinceañera y menos sus padres o familiares más allegados.
Las quince primaveras son la excusa para convocar a los isleños, que no pierden oportunidad ni excusa para vivir como les gusta: en fiesta. Es uno de tantos carnavales que se pueden inventar en Isla Fuerte.
Se ve que la niña no baila, ella no es la protagonista. Ella camina con su vestido azul y reparte en todos los grupos de gente, dentro y fuera de la discoteca, las crispetas que tiene para ofrecer. No se ven regalos, al fin y al cabo lo que pueden ofrecer los isleños es lo que les brinda la tierra y el mar. Ah, pero no falta su alegría, su carisma y su presencia en el epicentro de la isla.
Esta noche quedaron atrás los cultivos de maíz, los árboles de mango, el plátano, el arroz, el coco y la pesca, luego de la fiesta cada habitante de Isla Fuerte se dedicará a sus métodos de supervivencia. Primero el turismo, luego la explotación de los recursos de su isla.
Este pueblo no tiene autos ni motos, menos calles pavimentadas. Los servicios públicos son un lujo, así que cuando llegan se les da el mayor uso posible. Tener baldosa en el piso de las casas es una pompa. Pisar la tierra en una vivienda, vivir entre tablas de madera y bajo hojas de palma como techo, es normal. Las tiendas son carritos de dulces y la carnicería es el mar. El patacón es al desayuno, el almuerzo y la comida, no hay duda, pero la fiesta es donde haya música y se escuche la champeta. Así bailan sus días estos isleños.
Se acabó la cerveza y hay que caminar cinco calles para adquirir más en otra tienda. Algunos toman Aguardiente Antioqueño, un honor en una isla donde los costos de transporte para cualquier producto se incrementan. Llegaron más cervezas. Son las tres de la mañana, pocos han podido dormir y cada vez es más constante que repitan la canción ‘El Celular’. Se escucha una sola voz que dice ‘Aló, ¿dónde estás?, ¿qué pasó? Me apagaste el celular’.
Los niños más pequeños la cantan, están despiertos y son protagonistas de la fiesta. Algunos bailan como los más grandes, pero otros se duermen en la calle, pues llegaron de sus casas para la festividad y en ella amanecen. Sólo el sol puede espantarlos.
Sale gente corriendo de la discoteca, la música la acaban de interrumpir y aclaran que no hay más fiesta o por lo menos no más música.
-Acabamos porque empezaron a pelear y porque no estaban consumiendo-, advierte la mujer que vendía la cerveza.
Ha pasado media hora y a uno de los protagonistas de la pelea ya fue llevado a su casa. Uno de los muchachos que quedan cuenta que son amigos, pero por una cachetada se armó el desorden.
-Él me cacheteó, entonces yo hice lo mismo. Ahí se armó la pelea-, cuenta sonriente el que quiso seguir en la fiesta, pero ya no había forma.
Todos fueron a sus casas, no hay más música y faltan dos horas para amanecer.
Se levantarán a pescar, mirar los cultivos, atender los turistas o esperar qué puede surgir en la Isla.
El próximo sábado habrá fiesta, si en semana no hay otra excusa para convocar a todo el pueblo. Sin duda, son sus tradiciones alegres las que los une.

lunes, 21 de diciembre de 2009

EL LEÓN DEVORÓ SU PRIMER TÍTULO

En otra etapa de la vida vinculado al fútbol, Leonel Álvarez regresó a su vida original, la misma que lo catapultó como un caudillo en la cancha y un muro de contención contra el ataque rival. Con las ganas, liderazgo y tendencia hacia el ataque, el León anda suelto cazando el fútbol que debe tener el balompié colombiano.


Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
Y todo el estadio cantó ‘Leonel, Leonel’. Llevó alegría al pueblo y regó de gloria el sueño del Medellín. Su cabello, cuan mitológico como el de Sansón o Jesús, conserva su elegancia y reconocimiento de décadas. Llegó de Remedios, Antioquia, un municipio del Nordeste antioqueño, pero para el recuerdo futbolero, su cabello, no tan largo como ahora, fue creciendo como el talento. Y en el Barrio Pablo Sexto, en el Nororiente de la ciudad, fue visto como una joven promesa.
Algunas canas se vislumbran en su cabellera, ya son 44 años, y de ese auténtico corte de cabello que recuerda la década del 80, Leonel conserva la autenticidad.
En el barrio Pablo Sexto, ese flaquito mostraba que tenía carácter y capacidad de jugar el fútbol profesional. Arturo Villegas, un veterano en la casa de talentos para el Independiente Medellín, lo eligió.
“Humberto Hernández, un profesor de él, me lo recomendó, me dijo que fuera a ver jugadores y yo lo escogí allá”, recuerda Alirio Álvarez, trabajador del DIM desde 1956. “Con solo verlo una vez me lo traje”, agrega este hombre de 74 años.
Siempre quiso jugar en el Medellín. Leonel sólo estuvo un año con Arturo Villegas, pues pasaría a manos de Alirio Álvarez. Él si tendría la oportunidad de tener a ese muchacho entre 1979 y 1983. Se recuerda que estuvo en equipos de Liga como Creaciones Crack y Apuestas la 53, pero al final de la temporada de 1983 llegó al DIM y debutó ante Deportes Caldas.
Al año siguiente, con más categoría y experiencia, ya era un león en la mitad de cancha. Los jugadores peruanos del DIM que se fueron de vacaciones, llegaron en 1984 y encontraron a un muchacho llamado Leonel de Jesús Álvarez Zuleta dueño de un medio campo, consolidado y seguro, como lo sería siempre.
Tanto aprendió como jugador que el tiempo que pasó desde que jugara con el Quindío, hasta que se vistió de asistente técnico en el Deportivo Pereira, al lado de Hugo Gallego, pareciera que no hubiera existido. Se preparó en el Centro de Alto Rendimiento de Barcelona, España, y fortaleció su liderazgo a un lado de la cancha.
Su condición física muestra que todavía puede manejar el medio campo de un equipo. Aunque a veces muestra intenciones de meterse a la cancha para aportar con sus ganas, la verdad es que con su fuerte voz y esos silbidos que significan un orden táctico del equipo en la cancha, no hay necesidad de que el león vaya a devorar rivales.
Siempre demostró ser un líder, diría Alirio Álvarez, el segundo técnico de Leonel, porque “era un caudillo, un líder que suplía sus deficiencias técnicas con ese ímpetu, con esa berraquera”.
No eran tan bueno con su pierna izquierda y el cabeceo, pero construía un muro antes de que llegaran los rivales. Ellos chocaban con esa fuerza que aún inspira el fuerte Leonel.
Si bien fue un creador de ideas en el ataque, en el fútbol profesional lo conocimos como un rompedor de ilusiones, de jugadas y gambetas. Primero soñó con jugar en el Medellín y, como todo futbolista, añoró estar en una liga europea.
Pasó por equipos como Independiente Medellín, Atlético Nacional, América de Cali, Real Valladolid (España), Dallas Burn (Estados Unidos), Veracruz (México), New England Revolution (Estados Unidos), Deportivo Pereira y Deportes Quindío. De cada técnico aprendió, con cuidado comprendió que además de conocimiento táctico, su liderazgo le podía aportar cuando continuara en la dirección técnica de un equipo.
Rodeado de Francisco Maturana, Hernán Darío Gómez, Hugo Gallego, Hugo Castaño, Santiago Escobar y Julio Comesaña, era suficiente para hacer escuela. Jorge Osorio Ciro habló con Leonel, lo propuso como asistente técnico interino y a la salida de Santiago Escobar, el 'León’ tuvo el mundo entero a su disposición. Ordenó a las gacelas en los costados y los caballos en la defensa. A cada uno de los jugadores cualificó sus funciones y para su sorpresa salió campeón.
A ese niño tímido, longilíneo y de cabello largo, el carácter lo forjó como ese caudillo que tiene como objetivo atacar, usurpar y amenazar. Así es el juego que planteó con el Medellín. El 'León’ hizo de las suyas y organizó las funciones de la selva. Impuso su ley y cazó el sueño que tuvo de niño: ser campeón con el Medellín.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL 'CAIMÁN' ELIGIÓ SER UN ZAMORA

Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com




Efraín quería ser un cantante tan famoso como Carlos Gardel o un arquero tan reconocido como el español Ricardo Zamora.
“Ese era un pedido que le había hecho a la Virgen del Socorro siendo muy niño, y se confirma en el Campeonato Mundial de Chile en 1962. Un crítico español me citó en el libro de Chile de 1962: “Efrain ‘el Caimán’ Sánchez, el Zamora latinoamericano”, recuerda desde Bogotá, a sus 82 años, Efraín Sánchez. En ese Mundial se cumplió su sueño.
Antes, en 1948 cuando es contratado por el San Lorenzo de Argentina, Efraín se convirtió en una estrella igual o más importante que los foráneos que actuaban en el naciente Fútbol Profesional Colombiano. Luego, cuando jugaba con equipos como Millonarios, Junior, América, Cali y Santa Fe, su llegada al Estadio San Fernando, ubicado en Itagüí, era una fiesta. Los aficionados de la ciudad recibían en ese antiguo hipódromo al mejor arquero colombiano de las primeras décadas del fútbol naciente. Su éxito se debió a la dirección que tomó muy joven. O sería su voz la que lo llevaría al éxito o, sin duda, sus reflejos y sus brazos los que lo convertirían en mito viviente.

Cantante o arquero
Al parecer su voz no era la mejor para reemplazar a Carlos Gardel, según su profesor Pedro Biava, que pretendía conformar el orfeón de Barranquilla. La voz del muchacho no era la que necesitaba para ese coro el maestro, pues en el Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do, Efraín tendría más facilidad de romper oídos que de encantarlos.
Como arquero las cosas fueron diferentes. “Cuando yo tenía siete años, en 1934, compraba los caramelos y de 10, uno era de Ricardo ‘el Divino’ Zamora, uno de los más difíciles de conseguir”, recuerda con emoción el ‘Caimán de Boedo’, como fue apodado este colombiano cuando militó en San Lorenzo de Almagro. Ya se había definido por el ‘football’ y sus primeros balones los atajaría en Barranquilla, sin guantes y quemando las palmas de sus manos y sus pies, pues la tierra caliente incitaba a despegar los pies lo más rápido posible del suelo.
Su carrera estuvo a punto de finalizar cuando su rodilla se rompió con apenas 17 años. Para esta época, seis meses es el tiempo previsto para una lesión de ese tipo, pero para la mitad del siglo pasado, ese problema podía derivar en el retiro o en un largo tiempo de recuperación.
“La lesión que tuve fue supremamente grave, tuve la suerte de que en el momento preciso que tuve la lesión en la rodilla, recibí una información de uno de mis entrenadores, Severiano Lugo, jugador de Colombia en el 38 en Juegos Bolivarianos. Apareció la penicilina y trataron de sacarme toda la materia de una inflamación gigantesca. Me dieron ocho meses de inactividad. La penicilina la inyectaron dentro de la rodilla, me alcanzó a limpiar y me dieron ocho meses de incapacidad.
Pero a los cinco meses, ya aburrido, me fui a entrenar en el Romelio Martínez y volví otra vez, no sentí absolutamente nada, y comencé a seguir entrenando. De ahí comencé el hábito con el entrenamiento permanente de martes a viernes y se consolidó la rodilla”, confirma Efraín.
“No tuve suerte como cantante, pero como arquero alcancé la ilusión de mi vida y esose lo agradezco a la Virgen del Socorro”. ‘El Caimán’ se convirtió en el mejor arquero colombiano en muchas décadas y hoy no deja de olvidar la Argentina en la que vivió y las ciudades y países que recorrió cuando era futbolista. Aquella época pasada, cuando eran tan importantes como el sacerdote de la ciudad y tan bohemios y atractivos para las mujeres.

Llegó el amor
A los 12 años, Efraín ya miraba en el Barrio Olaya Herrera a una muchacha llamada Xiomara. “Ella vivía en la calle 68 y 67 y yo en la 67 y 68 en Barranquilla. De muchacho empecé a pasar por el frente de su casa y le hacía un saludo. Al principio no me paraba muchas bolas, después duré siete años de amores. Los primeros tres años de amores fueron de pura señita y eso”, cuenta con emoción los inicios de esa pareja que tiene 60 años de matrimonio y seis hijos.
“Ahora voy a cumplir 61 años con ella, toda la vida detrás de ella. Gracias a Dios hemos conformado un hogar muy bonito con seis hijos y también estoy disfrutando de esa alegría de un matrimonio, porque a Xiomara aún la sigo queriendo, la sigo amando”, asegura con rectitud el barranquillero que nació un 27 de febrero de 1927.

Hasta que llegó a Medellín
Efraín ya había recorrido el país jugando y dejando sus atajadas fotografiadas en la memoria de los futboleros de la época, hasta que llegó al Independiente Medellín.
Fue campeón en dos ocasiones, no sufrió lesiones, dejó grandes amigos y pasó de ser mito para convertirse en un deseo. En 1955 y 1957, el experimentado ‘Caimán’ celebró con el equipo de la camiseta que no se destiñe, los primeros campeonatos del equipo más antiguo de la ciudad, luego del Sporting F.B.C.
“Yo pienso que uno de los mejores momentos en mi carrera deportiva la realicé en el Independiente Medellín, especialmente en 1955, cuando salimos campeones y tuve la oportunidad de jugar todos los partidos del campeonato como en 1957.Y recordar esos tiempos de los hermanos Arriola, de Larry, de ‘Chano’ Villa, de Antonio Patiño y de muchos directivos importantes que estuvieron muy pendientes de nosotros”, recuerda Efraín, pues hacía mucho tiempo no llevaba su memoria al Estadio Atanasio Girardot, el mismo escenario que tenía tan solo dos años cuando él llegó a volar en busca de una pelota.
Aunque es difícil evitar traer a la memoria a José Manuel Moreno, ‘el Charro’, aquel argentino bohemio que bebía y se emborracha hasta la madrugada y los domingos daba clases de fútbol en la ciudad. Destilaba licor, pero fútbol en exceso era su especialidad.
“También recuerdo a Jaime Tobón de La Roche, estuvo Pacheco, Floro Rodríguez, ‘Chema’ Méndez, Ulises Terra, ‘Calonga’, Retamozo, Felipe Marino, ‘Lanza’, el ‘Pibe’ Ortega, Larráz, Contreras. Recuerdo mucho a ‘Colonga’, un virtuoso del fútbol.
Estuvo ‘Espada’, un mediocampista muy bueno también”, recrea Efraín Elías.
De José Manuel Moreno, ‘el Caimán guarda “ese recuerdo imperecedero de un gran amigo, de un gran técnico, de una estrella del fútbol”, un jugador y técnico determinante en los dos primeros títulos del equipo ‘Rojo’.
“A Medellín le agradezco por haberme permitido ser una de las estrellas de los jugadores que conquistamos las estrellas de 1955 y 1957. Del Medellín tengo fotos, fotografías tengo por todos lados”, añade el ‘Caimán’, que gracias a Coldeportes se mantiene vigente, pues es instructor deportivo de esa institución. Efraín Elías dirigió la Selección Colombia, Millonarios, Caldas, Medellín.
“Es una grata sorpresa esta actuación que ha cumplido Leonel”, confirma Efraín, pues no duda en felicitar todo el plantel de jugadores, sin dejar de aconsejar al entrenador del Rojo: “le quiero decir que no se desespere, que las cosas van llegando paulatinamente a medida que va avanzando en experiencia y en los objetivos que él tiene convenientes”, concluye el mítico ‘Caimán’ que se fue de Barranquilla y vive en Bogotá desde 1975.

jueves, 26 de noviembre de 2009

“LE CUMPLÍ A MI HIJO UN MES ANTES”

Respirar, algo tan sencillo y de lo que no nos percatamos. Respirar, soplar, toser, gritar, ahí siempre está el aire y la fuerza de los pulmones. Lo que durante cinco años fue tan complicado para Luis Fernando Montoya, es desde hace casi un mes el motivo de su alegría. Respirar, respirar sin ayuda. Su voz es más clara y su sonrisa demuestra que es un hombre que va lento, pero seguro.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
El final de ese balón fue un poco frustrante. En esa cuadra donde vivía, el partidito se armó para las horas de la noche. Alguna cosa tuvo que pasar, pues alguien llamó a la policía y esta llegó y se llevó el primer balón que tuvo Luis Fernando Montoya. Gracias a los materiales que llevaba a una chatarrería, pudo reunir el dinero suficiente para conseguir el primer elemento que reúne la perfección de sus sueños: el balón.
Desde el patio de su finca en el municipio de Caldas, Clif está corriendo constantemente. Cada persona que llega es recibida por Clif, un pastor alemán que tiene José Fernando hace poco más de un año. “No se cansa de jugar. Ya le he dado cuatro balones y todos los ha dañado. Claro que ya estaban malos”, cuenta José Fernando.
Ya ganó su grado y va para tercero, tiene ocho años y monta en su bicicleta, aunque dice que también le gusta el fútbol, verlo con su papá, jugarlo en la manga y poner a correr a Clif. ¿Quién puede sentirse más contento que José Fernando al ver que su papá le cumple sus promesas?
“Estoy muy contento de que hubiera cumplido”, cuenta el pequeño José, pues hace 27 días su papá le demostró, un mes antes, que dejaría el ventilador automático para respirar naturalmente, sin depender de todos esos aparatos que mantenían con vida a Luis Fernando.
Casi imperceptible, así es el respirar, lo que durante cinco años fue complicado para Luis Fernando, es desde hace cuatro semanas el motivo de su felicidad.
“Recuerdo que teníamos clase en el Sena y Fernando me dijo: ‘Se me dañó el marcapasos’. ¡Qué miedo, qué va, nada de miedo! Fue la mejor clase que dictó. Fue coherente y a partir de ahí se fortalece más”, describe con una sonrisa contagiosa Luis Alfonso Sosa, quien más que sicólogo de Fernando, es su amigo. Desde hace 26 años que lo conoce han cultivado una amistad que se ha mantenido en los momentos más difíciles.
“¡Estamos de plácemes, estamos de plácemes!”, añade Luis Alfonso. Es innegable, ese hombre de grandes retos ya coronó una de las grandes incógnitas de su recuperación. Respirar, respirar, ¡Cuanto significa para Luis Fernando!
“Es algo que yo le prometí a él y le cumplí. Me cuesta un poquito, pero la idea es tratar de mejorar mucho la parte de la movilidad. Mi voz la siento bien. Me falta recuperar un poco la voz, ser más fuerte”, habla con más claridad Luis Fernando, mientras ve a Clif. El perro está esperando que alguien tire lo que se llamaba pelota para ir detrás de ella y volverla a traer.
“El perro está esperando que tiren la pelota”, dice Luis. Alguien coge ese ex balón de baloncesto y lo lanza. Sonreír, sonreír. Así se puede describir la felicidad, con una sonrisa. Luis Fernando sonríe mientras Clif vuelve, para hablar de sus sueños: “Me sueño tratar de recuperarme totalmente, y si puedo volver a dirigir sería muy bueno.
Todavía para dirigir me falta, pero me siento contento de compartir los conocimientos con los del Sena y el Politécnico”. El vicepresidente Francisco Santos le propuso a ‘el profe’ que dictara un curso en el Sena, una tecnología para técnicos de fútbol. Y ahí está, cada semana le dedica dos horas a la clase y el resto del tiempo lo aprovecha en su recuperación y en ver fútbol. “Ahora sabe más de fútbol”, añade Luis Alfonso, pues ve el mayor número de partidos posibles. ‘El profe’ escribe una columna semanal, además sus comentarios de la televisión son solicitados constantemente. A su casa se acercan conocidos y desconocidos. Hasta llegaron hace poco unos japoneses, especialmente desde Japón para entrevistar a Luis Fernando.
‘El profe’ respira felicidad. Ahora, según su médico Diego Lalinde, el objetivo es que tosa con normalidad, pues si lo hace, el siguiente paso será quitarle la cánula de la traqueostomía para que sólo respire por boca y nariz. Sin duda, seguiremos respirando felicidad Luis Fernando, es el paso que sigue.

jueves, 12 de noviembre de 2009

RAMÓN SE VISTIÓ DE ROSA

“Los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”. Eso lo dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando plasmó en el Fútbol a sol y sombra, una definición de los entrenadores.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
Los hinchas se refugiaban en los brujos para que el rival de toda la vida no ganara, otros usurpaban el templo de su equipo rival para enterrar animales en un arco o llevarles tierra de cementerio para que nunca pudieran celebrar un título. Aunque ahora es más complicado, algunos prefieren usar la misma camiseta como amuleto, entran al estadio con el mismo pie cada vez que hay partido, se echan la bendición durante todo el día y piden ‘a un más allá’ que “esta tarde tenemos que ganar”. No importa si pierde, en el próximo partido llegará de nuevo con la misma camiseta e igual ‘protocolo’ porque “como sea, hoy si ganamos”.
- Cuando jugador siempre entraba con el pie derecho, durante toda mi carrera entraba con el pie derecho y me hacía la señal de la cruz una sola vez, como técnico no,-cuenta Ramón Cabrero.
Con sus ojos claros, el cabello blanco y un acento que, sin duda, derrite a nuestras mujeres, Ramón apareció como un grande, un argentino que, así hubiera nacido en España, arribó para salvar a un equipo que no respondió a las expectativas. Atlético Nacional había sido penúltimo el torneo anterior. Ramón llegó después de obtener el logro más importante en toda su vida como futbolista y entrenador, ganó un título con la gente de su barrio, su gente, su casa, su vida.
-Logré lo que nadie había conseguido después de 93 años: salir campeón con Lanús. Y me vine, porque creo que hay cosas que se consiguen y tienen que quedar ahí. Yo creo que al club le había dado todo lo que yo podía haberle dado y quería quedarme con esa imagen, incluso con la imagen de no dirigir en Argentina por un tiempo.
Muy pronto, en Medellín, los sueños se tiñeron de rosa. Abrió su clóset y eligió, entre las camisetas que tenía, el color con el que esperaba disfrutar durante mucho tiempo los frutos del triunfo y la satisfacción de su profesión.
Ramón aparecía en cada partido con una camiseta, que si no era la misma, tenía una fábrica de la misma colección.
- Tengo una sola, automáticamente cuando la uso, llego a mi casa, la lavo y queda para el partido, la uso cada que hay partido.
Esa camiseta Polo empezó a generar expectativa, una línea blanca, muy diminuta en el cuello y en las mangas, ya eran objeto de observación. Al igual que muchos de los entrenadores de su país, Cabrero sabe que la camiseta no pone nada en la cancha, pero algunas fuerzas que sólo perciben los técnicos, demuestran que lo que llaman cábalas podrían suponer una dilatación imaginaria de los 90 minutos implacables, tal vez por eso, Juan Villoro se atrevió a decir que “quien haya escuchado el furor de un estadio lleno sabe que hay más voces que espectadores: los fantasmas acudieron a la cita”.
Serán, posiblemente esos hinchas que no se ven, quienes le brindan a la bendición, la ropa y otros elementos, el ingrediente que en la cancha no se puede encontrar.
- Tampoco es una cábala. En Argentina, si uno pone atención, muchos técnicos cuando ganan siguen con la misma ropa, pero no es una cábala la mía, la única cábala es jugar bien.
Los vítores de los que alguna vez estuvieron alentando al Sportivo Italiano le otorgaron a Ramón, las rayas necesarias para que este club ascendiera de la Primera B argentina al Nacional B en 1986.
-Me acuerdo que cuando salí campeón con Italiano, tuve como quince partidos sin perder con una remera rayada, una camisa rayada de manga corta que la usé verano y también invierno. Y la usaba abajo, y arriba me ponía un suéter si hacía mucho frío.
Luego, con Lanús, la ropa jugaría un papel determinante, por lo menos logaría el título.
- Lo que pasa es que en Argentina se dio en un momento que no era esta camisa rosa. Cuando salimos campeones, que también estuvimos como 12 partidos sin perder y tenía una remera que no era rosa, era un color más natural pero tirando a rosa y también me duró como 12 partidos y fue pura casualidad.
Fue precisamente en 1986 cuando Salvador Bilardo, con una camiseta azul, fue campeón del mundo en México 86. Famoso por encarnar la picardía que le daba un toque mágico a sus éxitos deportivos, Bilardo se caracterizó por ser un cabulero que pasaba de la razón a la exageración.
Cuando iba camino a la cancha con su equipo siempre se escuchaba la misma música, le ordenaba al conductor que no parara mientras esa ‘melodía celestial’ estuviera sonando, así el semáforo estuviera en rojo. Las normas de tránsito no importaban, el bus sólo paraba en los silencios de la canción.

Con raíces argentinas
- Yo me vine a los tres años cuando era muy chiquitito. Me trajo mi familia, viví hasta los 22 en Argentina, me fui a jugar al Atlético de Madrid cinco años, después al Mallorca hasta los 30, y a esa edad volví a la Argentina donde terminé de jugar. Luego empecé a dirigir a los 35 años.
Ramón nació en Cantabria, España, un 11 de noviembre de 1947, su familia se mudó muy pronto hacia América, cambiando a Fernando Franco por Juan Domingo Perón, reemplazando los aires de dictadura por la bondad de una mujer, que según Tomás Eloy Martínez, era una santa, una especie de virgen para los argentinos: Evita Perón.
Así como en Mar del Plata llegaron los primeros ingleses en el siglo XVIII para invadir con sus mercancías y sus gustos una tierra auténticamente criolla, con esos barcos llegaron los balones de fútbol y con ellos la pasión por ese deporte se multiplicó en todo el continente.
- A Jerónima y Eusebio no les gustaba el fútbol. Cuando mi papá murió en 1963 yo todavía era muy chiquitito, no jugaba. Pero mi mamá si me vio jugar, dirigir y todo, pero no le interesaba mucho.
En Lanús, al sur del gran Buenos Aires, el fútbol, como el tango y las mujeres, fueron invadiendo a Ramón. No era seguidor del equipo de su gente, más bien era muy hincha de la ‘Academia’, un equipo del que era seguidor el presidente de la época, por tanto el estadio se llama Juan Domingo Perón.
- Fui hincha fanático, hasta los 14 años de Racing, ¡pero fanático, fanático!, de ir a los entrenamientos y todo. Iba a todos lados. Un vecino mío me llevaba. Eso fue entre el 58 y el 61, me tocó la época grande de Racing. Sí, campeón en el 58 y en el 61 y también campeón del mundo.
Ya, con más años, Ramón cambió de colores, del azul y blanco su corazón cambió a granate. De Lanús será siempre simpatizante e hincha, el momento más lindo de su vida deportiva fue con ese equipo, en él empezó a jugar y a él sabe que volverá algún día.
- En Lanús me insultaban mucho, yo debuté a los 17 años y me insultaban, en Lanús fui un jugador insultado. Era un jugador técnico, hábil, jugaba de ocho, era volante por derecha.
Con los años, esos insultos ya habían sido olvidados. Ramón pasaría de Lanús a Newell’s, y de ahí sería contratado por el Atlético de Madrid, pero debería pagar servicio militar durante veinte meses y ultimar primero, algunas cosas de su vida personal. Lo primero era casarse con Noemí, su segunda novia argentina, y dejar para siempre su vínculo con Argentina.
-Llegué a jugar al Atlético, pero al año de estar ahí hice el servicio militar que me tocó en Burgos. Pero estuve dos meses y después me trasladaron a Madrid. Tuve un par de partidos amistosos en el ejército, el servicio militar prácticamente no lo hice, tuve dos meses en los que no pude salir, pero luego iba cada mes para firmar durante 20 meses.
Ramón jugaría también con el Elche y el Mallorca antes de regresar a terminar su carrera con el San Martín de Mendoza y el Independiente de Rivadavia en 1982. Ahí finalizaría un ciclo de su vida para empezar otro, el de entrenador.
- Claro, yo dirigí como 12 años Nacional B, después estuve 6-7 años sin dirigir, y luego volví a dirigir inferiores y después lo haría con la primera de Lanús. No soy de guardar cosas, pero mi hijo Ramiro tiene todo lo que tenía de España, no soy de guardar camisetas.

En Buenos Aires está el tesoro
- Estoy muy bien en Medellín, estoy muy contento, es una ciudad muy bonita, me habían dicho que era linda, pero no me la esperaba hasta aquí. Pero realmente, hace cuatro meses que estoy aquí y se me está haciendo muy duro porque por más que la pase bien, por más que esté en una ciudad preciosa, por más que el trato de la gente sea bárbaro, y estoy en un club bárbaro, pero la realidad es que es muy difícil estar solo a ciertas alturas de la vida.
Ramón está viviendo ahora con Eduardo González y Jorge Mamberto, compañeros en el fútbol con los que trabaja en Nacional. Con Eduardo ha trabajado cerca de 12 años y ha vivido con él tres años juntos fuera de Buenos Aires. Lo hicieron en Mendoza, Santa Fé y Santiago de Estero.
- Por ejemplo cuando yo tenía 40 años, 37 años, 36 años, que también estuve afuera, la verdad la pasaba menos difícil. Ahora, lo que más extraño es a mi familia, aunque mi señora viene este mes y ya el año que viene se va a venir para acá. Ya Llevo casado 39 años, desde el 23 de noviembre de 1971.
Y de la familia es su nieta de un año y seis meses la gran debilidad. Ramiro y María Belén, los hijos de Ramón, ya son profesionales, ambos viven en Buenos Aires con doña Noemí.
-Pero no tengo dudas que a partir de enero, si decido continuar, ella se va a venir conmigo. Me pone feliz mi familia, que estén todos bien, que de repente mi profesión me permita poder ayudarlos, eso me pone feliz, ayudar a mis hijos y a mi nieta.
Ramón prefiere no traer muchas cosas de su país, en la mesita de luz está la foto de su familia y cuando va hacia los entrenamientos encuentra en los tangos que escucha, el verdadero significado de esa música.
- Me encanta el tango, todo tipo de tango. Yo digo que el tango lo apreciamos más afuera que cuando estamos en Buenos Aires. Acá por ejemplo, nosotros vamos y venimos y tenemos nada más que CDs de tango en el coche.
Ramón había viajado por todo el continente, pero esta fue la primera vez que venía a Colombia. Llegó al Atlético Nacional, un grande en apuros, necesitado de volver a su fútbol, a sus triunfos, a sus goles, de reencontrarse con su historia. Y el comienzo fue soñado, sumó diez fechas de invicto, pero tras perder en el clásico regional prefirió guardar en su clóset esa camisa rosa que lo acompañó en esos buenos momentos y que tanto llamó la atención. Ahora, seguramente, será otro color el que quiera lucir para una nueva etapa de triunfos. Si no le gusta el mate, tal vez prefiera el café.