Mostrando entradas con la etiqueta atlético nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atlético nacional. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de febrero de 2010

TRESSOR SÓLO PIENSA EN SU EQUIPO

La historia de los clásicos es, en parte, la historia de la ciudad. Desde hace más de 60 años, Medellín y Nacional dividirán los sentimientos en Antioquia. El último campeón no tendrá a Javier ‘Choronta’ Restrepo, pero debutará el delantero paraguayo Mario Edison Giménez.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
En la década de 1940, en aquel fútbol prehistórico, el Medellín fue el monarca de los torneos de primera categoría que organizaba la Liga Antioqueña de Fútbol. Huracán era el contrapeso del equipo más popular, pero su nivel tampoco alcanzaba para vencer al ‘equipo de la camiseta que no se destiñe’, como le decían al ‘Rojo’.
Unión Indulana (hoy Atlético Nacional) no era gran protagonista, pues estaba varios escalones abajo del equipo más popular de la región. Llegó el fútbol profesional y el Unión ya era Atlético Municipal y dos años más tarde, en 1950, sería Atlético Nacional.
Es que era el mejor equipo, dicen en ocasiones aquellos ancianos que vieron a ese gran Medellín F.B.C. Cerca de tres años se adueñó de los clásicos regionales y no daba cabida para que el otro equipo de la ciudad hiciera contrapeso.
Las razones: Medellín se caracterizó por ser el equipo popular, el de la gente, y además, tenía los mejores jugadores y ahí ya no hay discusión.
Como en esa época el equipo rojo mantuvo firme su monarquía, desde el 13 de mayo del año pasado el Medellín no cae con Nacional. Mejor fútbol, sumado al último campeonato, es un fuerte argumento para que ‘El Poderoso’ pueda alargar su invicto, acompañado del buen juego.
Y seguro que Tressor Moreno puede ofrecer al partido una cuota de emoción y de seguridad para que los atacantes del visitante de hoy puedan tener opciones claras para anotar.
Hace tres semanas está entrenando en la ciudad y, de verdad, Leonel Álvarez lo ha sorprendido. “Llevaba cuatro años y medio en México y no me había tocado un entrenador que exigiera tanto en cuanto a la parte táctica y que trate de corregir a los jugadores lo que más pueda. Eso es importante porque eso crea una responsabilidad en la cancha y, sabiendo de que todo lo que has trabajado en la semana, no puedes descuidarte un segundo porque te cuesta un partido”, contó este chocoano de 31 años.
Sin Javier ‘Choronta’ Restrepo, el DIM suplirá su ausencia con el joven Juan López, de 19 años, y quien ajustará dos partidos como titular en la mitad de cancha. Seguro serán más compromisos de titular porque el ‘Choro’ estará, por lo menos, tres semanas fuera de las canchas.
“Yo creo que la diferencia se va a notar mucho en el medio. Si llegamos dos o tres veces hay que hacer los goles. Tú le perdonas la vida a un rival en un clásico y de una u otra manera en una jugada pueden sacar la victoria”, aseguró Tressor.
Al chocoano no le gusta hablar del rival y prefiere preocuparse por su equipo. “Uno tiene que tratar de suplir las falencias que uno debe tener en el equipo y no pensar tanto en el rival. El rival cuenta mucho pero es más importante el trabajo que nosotros hagamos en la semana”, argumentó.
Leonel Álvarez contará con el debut del delantero paraguayo Mario Edison Giménez, desplazando a César Valoyes, quien será emergente.
El clásico 261 es fundamental para Medellín. De un buen resultado depende la tranquilidad con la que afrontarán el debut en la Copa Libertadores ante el Cerro Porteño en Paraguay. “La Copa todavía no la vivo porque todavía me espera el clásico”, recordó el hombre de las ideas, Tressor Moreno.

jueves, 12 de noviembre de 2009

RAMÓN SE VISTIÓ DE ROSA

“Los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”. Eso lo dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando plasmó en el Fútbol a sol y sombra, una definición de los entrenadores.



Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com
Los hinchas se refugiaban en los brujos para que el rival de toda la vida no ganara, otros usurpaban el templo de su equipo rival para enterrar animales en un arco o llevarles tierra de cementerio para que nunca pudieran celebrar un título. Aunque ahora es más complicado, algunos prefieren usar la misma camiseta como amuleto, entran al estadio con el mismo pie cada vez que hay partido, se echan la bendición durante todo el día y piden ‘a un más allá’ que “esta tarde tenemos que ganar”. No importa si pierde, en el próximo partido llegará de nuevo con la misma camiseta e igual ‘protocolo’ porque “como sea, hoy si ganamos”.
- Cuando jugador siempre entraba con el pie derecho, durante toda mi carrera entraba con el pie derecho y me hacía la señal de la cruz una sola vez, como técnico no,-cuenta Ramón Cabrero.
Con sus ojos claros, el cabello blanco y un acento que, sin duda, derrite a nuestras mujeres, Ramón apareció como un grande, un argentino que, así hubiera nacido en España, arribó para salvar a un equipo que no respondió a las expectativas. Atlético Nacional había sido penúltimo el torneo anterior. Ramón llegó después de obtener el logro más importante en toda su vida como futbolista y entrenador, ganó un título con la gente de su barrio, su gente, su casa, su vida.
-Logré lo que nadie había conseguido después de 93 años: salir campeón con Lanús. Y me vine, porque creo que hay cosas que se consiguen y tienen que quedar ahí. Yo creo que al club le había dado todo lo que yo podía haberle dado y quería quedarme con esa imagen, incluso con la imagen de no dirigir en Argentina por un tiempo.
Muy pronto, en Medellín, los sueños se tiñeron de rosa. Abrió su clóset y eligió, entre las camisetas que tenía, el color con el que esperaba disfrutar durante mucho tiempo los frutos del triunfo y la satisfacción de su profesión.
Ramón aparecía en cada partido con una camiseta, que si no era la misma, tenía una fábrica de la misma colección.
- Tengo una sola, automáticamente cuando la uso, llego a mi casa, la lavo y queda para el partido, la uso cada que hay partido.
Esa camiseta Polo empezó a generar expectativa, una línea blanca, muy diminuta en el cuello y en las mangas, ya eran objeto de observación. Al igual que muchos de los entrenadores de su país, Cabrero sabe que la camiseta no pone nada en la cancha, pero algunas fuerzas que sólo perciben los técnicos, demuestran que lo que llaman cábalas podrían suponer una dilatación imaginaria de los 90 minutos implacables, tal vez por eso, Juan Villoro se atrevió a decir que “quien haya escuchado el furor de un estadio lleno sabe que hay más voces que espectadores: los fantasmas acudieron a la cita”.
Serán, posiblemente esos hinchas que no se ven, quienes le brindan a la bendición, la ropa y otros elementos, el ingrediente que en la cancha no se puede encontrar.
- Tampoco es una cábala. En Argentina, si uno pone atención, muchos técnicos cuando ganan siguen con la misma ropa, pero no es una cábala la mía, la única cábala es jugar bien.
Los vítores de los que alguna vez estuvieron alentando al Sportivo Italiano le otorgaron a Ramón, las rayas necesarias para que este club ascendiera de la Primera B argentina al Nacional B en 1986.
-Me acuerdo que cuando salí campeón con Italiano, tuve como quince partidos sin perder con una remera rayada, una camisa rayada de manga corta que la usé verano y también invierno. Y la usaba abajo, y arriba me ponía un suéter si hacía mucho frío.
Luego, con Lanús, la ropa jugaría un papel determinante, por lo menos logaría el título.
- Lo que pasa es que en Argentina se dio en un momento que no era esta camisa rosa. Cuando salimos campeones, que también estuvimos como 12 partidos sin perder y tenía una remera que no era rosa, era un color más natural pero tirando a rosa y también me duró como 12 partidos y fue pura casualidad.
Fue precisamente en 1986 cuando Salvador Bilardo, con una camiseta azul, fue campeón del mundo en México 86. Famoso por encarnar la picardía que le daba un toque mágico a sus éxitos deportivos, Bilardo se caracterizó por ser un cabulero que pasaba de la razón a la exageración.
Cuando iba camino a la cancha con su equipo siempre se escuchaba la misma música, le ordenaba al conductor que no parara mientras esa ‘melodía celestial’ estuviera sonando, así el semáforo estuviera en rojo. Las normas de tránsito no importaban, el bus sólo paraba en los silencios de la canción.

Con raíces argentinas
- Yo me vine a los tres años cuando era muy chiquitito. Me trajo mi familia, viví hasta los 22 en Argentina, me fui a jugar al Atlético de Madrid cinco años, después al Mallorca hasta los 30, y a esa edad volví a la Argentina donde terminé de jugar. Luego empecé a dirigir a los 35 años.
Ramón nació en Cantabria, España, un 11 de noviembre de 1947, su familia se mudó muy pronto hacia América, cambiando a Fernando Franco por Juan Domingo Perón, reemplazando los aires de dictadura por la bondad de una mujer, que según Tomás Eloy Martínez, era una santa, una especie de virgen para los argentinos: Evita Perón.
Así como en Mar del Plata llegaron los primeros ingleses en el siglo XVIII para invadir con sus mercancías y sus gustos una tierra auténticamente criolla, con esos barcos llegaron los balones de fútbol y con ellos la pasión por ese deporte se multiplicó en todo el continente.
- A Jerónima y Eusebio no les gustaba el fútbol. Cuando mi papá murió en 1963 yo todavía era muy chiquitito, no jugaba. Pero mi mamá si me vio jugar, dirigir y todo, pero no le interesaba mucho.
En Lanús, al sur del gran Buenos Aires, el fútbol, como el tango y las mujeres, fueron invadiendo a Ramón. No era seguidor del equipo de su gente, más bien era muy hincha de la ‘Academia’, un equipo del que era seguidor el presidente de la época, por tanto el estadio se llama Juan Domingo Perón.
- Fui hincha fanático, hasta los 14 años de Racing, ¡pero fanático, fanático!, de ir a los entrenamientos y todo. Iba a todos lados. Un vecino mío me llevaba. Eso fue entre el 58 y el 61, me tocó la época grande de Racing. Sí, campeón en el 58 y en el 61 y también campeón del mundo.
Ya, con más años, Ramón cambió de colores, del azul y blanco su corazón cambió a granate. De Lanús será siempre simpatizante e hincha, el momento más lindo de su vida deportiva fue con ese equipo, en él empezó a jugar y a él sabe que volverá algún día.
- En Lanús me insultaban mucho, yo debuté a los 17 años y me insultaban, en Lanús fui un jugador insultado. Era un jugador técnico, hábil, jugaba de ocho, era volante por derecha.
Con los años, esos insultos ya habían sido olvidados. Ramón pasaría de Lanús a Newell’s, y de ahí sería contratado por el Atlético de Madrid, pero debería pagar servicio militar durante veinte meses y ultimar primero, algunas cosas de su vida personal. Lo primero era casarse con Noemí, su segunda novia argentina, y dejar para siempre su vínculo con Argentina.
-Llegué a jugar al Atlético, pero al año de estar ahí hice el servicio militar que me tocó en Burgos. Pero estuve dos meses y después me trasladaron a Madrid. Tuve un par de partidos amistosos en el ejército, el servicio militar prácticamente no lo hice, tuve dos meses en los que no pude salir, pero luego iba cada mes para firmar durante 20 meses.
Ramón jugaría también con el Elche y el Mallorca antes de regresar a terminar su carrera con el San Martín de Mendoza y el Independiente de Rivadavia en 1982. Ahí finalizaría un ciclo de su vida para empezar otro, el de entrenador.
- Claro, yo dirigí como 12 años Nacional B, después estuve 6-7 años sin dirigir, y luego volví a dirigir inferiores y después lo haría con la primera de Lanús. No soy de guardar cosas, pero mi hijo Ramiro tiene todo lo que tenía de España, no soy de guardar camisetas.

En Buenos Aires está el tesoro
- Estoy muy bien en Medellín, estoy muy contento, es una ciudad muy bonita, me habían dicho que era linda, pero no me la esperaba hasta aquí. Pero realmente, hace cuatro meses que estoy aquí y se me está haciendo muy duro porque por más que la pase bien, por más que esté en una ciudad preciosa, por más que el trato de la gente sea bárbaro, y estoy en un club bárbaro, pero la realidad es que es muy difícil estar solo a ciertas alturas de la vida.
Ramón está viviendo ahora con Eduardo González y Jorge Mamberto, compañeros en el fútbol con los que trabaja en Nacional. Con Eduardo ha trabajado cerca de 12 años y ha vivido con él tres años juntos fuera de Buenos Aires. Lo hicieron en Mendoza, Santa Fé y Santiago de Estero.
- Por ejemplo cuando yo tenía 40 años, 37 años, 36 años, que también estuve afuera, la verdad la pasaba menos difícil. Ahora, lo que más extraño es a mi familia, aunque mi señora viene este mes y ya el año que viene se va a venir para acá. Ya Llevo casado 39 años, desde el 23 de noviembre de 1971.
Y de la familia es su nieta de un año y seis meses la gran debilidad. Ramiro y María Belén, los hijos de Ramón, ya son profesionales, ambos viven en Buenos Aires con doña Noemí.
-Pero no tengo dudas que a partir de enero, si decido continuar, ella se va a venir conmigo. Me pone feliz mi familia, que estén todos bien, que de repente mi profesión me permita poder ayudarlos, eso me pone feliz, ayudar a mis hijos y a mi nieta.
Ramón prefiere no traer muchas cosas de su país, en la mesita de luz está la foto de su familia y cuando va hacia los entrenamientos encuentra en los tangos que escucha, el verdadero significado de esa música.
- Me encanta el tango, todo tipo de tango. Yo digo que el tango lo apreciamos más afuera que cuando estamos en Buenos Aires. Acá por ejemplo, nosotros vamos y venimos y tenemos nada más que CDs de tango en el coche.
Ramón había viajado por todo el continente, pero esta fue la primera vez que venía a Colombia. Llegó al Atlético Nacional, un grande en apuros, necesitado de volver a su fútbol, a sus triunfos, a sus goles, de reencontrarse con su historia. Y el comienzo fue soñado, sumó diez fechas de invicto, pero tras perder en el clásico regional prefirió guardar en su clóset esa camisa rosa que lo acompañó en esos buenos momentos y que tanto llamó la atención. Ahora, seguramente, será otro color el que quiera lucir para una nueva etapa de triunfos. Si no le gusta el mate, tal vez prefiera el café.

domingo, 16 de agosto de 2009

61 AÑOS DETRÁS DE LA PELOTA

Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com

El fútbol profesional colombiano está de aniversario, el 15 de agosto de 1948 se jugó la primera fecha del primer campeonato no amateur, una solución para canalizar la tensión y disputa entre los partidos políticos tradicionales. Al final del certamen Santa Fe se convirtió en el primer campeón.

En 1948 los aficionados al fútbol en Medellín asistían al hipódromo San Fernando, en Itagüí, a ver los argentinos y extranjeros que llegaban con una pelota bajo el brazo y una forma diferente de jugar. En ese año, el Huracán, Victoria, Atlético Municipal (hoy Atlético Nacional) y Medellín F.B.C (Independiente Medellín) eran los clubes más importantes de la ciudad, aunque el hipódromo, ante la falta de un verdadero estadio de fútbol, se llenaba por la llegada del América de Río de Janeiro y el Alianza Lima. Pero los peruanos se encontraron en la mitad de uno de los sucesos determinantes en la historia del país. El 9 de abril de 1948 es asesinado el caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, el crimen desembocó en una guerra entre militantes del partido Liberal, al cuál pertenecía el líder, y conservador, representado por el presidente Mariano Ospina. La violencia creció tan rápido en el país, que en pocos días el conflicto había invadido toda Colombia.

Como el gobierno nacional necesitaba motivos para disminuir la violencia, aquel apoyó a un grupo de personas, lideradas por Humberto Salcedo, que proponían un campeonato de fútbol profesional, como Argentina, Uruguay y Brasil que habían iniciado 20 años atrás. Así fue como surgió el primer campeonato del país, un 15 de agosto de 1948.

Pero poco antes, en el mes de julio, la División Mayor de Fútbol había hecho una convocatoria a cada liga departamental que quisiera estar en el fútbol profesional. De Medellín, los cuatro equipos más importantes querían salir del amateurismo, aunque el Medellín y el Atlético Municipal, gracias a su insistencia, debutaron en el rentado el 15 de agosto. Los otros equipos de 1948 eran Millonarios, Santa Fe, Once Deportivo, Deportes Caldas, Cali, América, Junior y Universidad.

El Municipal lo hizo de local ante la Universidad Nacional, que tenía como sede a Pereira. El jugador antioqueño Rafael Serna se encargó de anotar el primer gol del fútbol rentado, puesto que el encuentro se disputó a las once de la mañana para evitar entorpecer la programación hípica de la tarde. El otro gol, del 2-0 definitivo, lo convirtió Carlos Rodríguez. Mientras que el Medellín debutó con cuatro goles en contra ante el América, en Cali.

Cuando suene el pitazo a las 3:30 p.m., el fútbol colombiano celebrará un año más, de acoger en sus canchas, el deporte más popular del mundo, nacido en las public schools inglesas en la mitad del siglo XVIII.

lunes, 6 de julio de 2009

UNA GACELA RESUENA EN ITALIA

Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com


Cuando Faustino Asprilla superó al arquero Abel del Atlético de Madrid con un soberbio cabezaso, en nuestro país los colombianos no celebraban tanto desde el gol de Freddy Rincón en Italia 1990.

En 1993 Faustino Hernán Asprilla Hinestroza empezó a conocerse como la Gacela Negra, aunque su carrera se vio enmarcada por actuaciones que atentaron a su carrera, al ‘Tino’ no se le puede negar lo que hizo por el fútbol colombiano y el posicionamiento del mismo en todo el mundo.

Los dos goles que le anotó al Atlético de Madrid provocaron titulares como “Asprilla es el matador”, “La pantera negra del Parma rasguña al Atlético”, “Faustino: gambeta, magia y gol”, estos titulares aumentaron la popularidad de un delantero que se posicionaba como uno de los jugadores más costosos del mundo.

En tres meses, el colombiano pasó de ser un jugador más del equipo italiano a convertirse en uno de los 10 más caros, con un precio que no bajaba de los 10 millones de dólares. En ese momento, los jugadores más costosos estaban en el fútbol italiano, como Lentini (30 millones de dólares), Van Basten (25), Gullit (21), estos tres primeros en el Milan, mientras que Baggio (18) y Viali (17), en Juventus, eran cuarto y quinto en el escalafón. Les seguían el milanista Papin (12), ASPRILLA (10), Gascoigne del Lazio (9.5), el chileno Zamorano (7.5) jugador del Real Madrid y Sosa del Inter (7).

Asprilla había aumentado su popularidad, su calidad y su nivel futbolístico. El año de 1993 fue clave en la carrera del colombiano, Faustino marcó el gol que le quitó al poderoso Milan, un invicto de 58 fechas sin conocer la derrota.

La Pantera o Gacela como era conocido, inició su carrera en la vieja cancha del barrio San Antonio, en Tuluá, Valle; en el colegio Guillermo Martínez, Asprilla fue el goleador del equipo en los Campeonatos Intercolegiados. Luego formó el equipo Salseros con sus amigos cercanos para competir en las Olimpiadas del Barrio, pasó por varios equipos de barrio hasta que llegó a la Selección del Gimnasio del Pacífico y luego al de Arroz de Los Andes hasta llegar a la Escuela Carlos Sarmiento Lora.

Con 18 años el ‘Tino’ debutó con la selección juvenil de Valle, en el Deportivo Cali no valoraron su talento y recaló en el Cúcuta Deportivo que pagó 10 millones de pesos. Muy pronto, Atlético Nacional compró por 50 millones de pesos los goles del goleador del Cúcuta y fue clave en la obtención del quinto título de Nacional.

Asprilla fue protagonista de la Selección Colombia en las eliminatorias para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, muy pronto apareció Ricardo Fuica y el director general del Parma, Gian Battista Pastorello compraron al ‘Tino’ por cinco millones de dólares.

Faustino con sus goles le dio al fútbol colombiano el reconocimiento que necesitaba después de la Copa Libertadores de 1989 obtenida por Atlético Nacional y el fútbol de la selección en Italia 1990.

El pasado fin de semana Faustino Asprilla hizo su partido de despedida, aunque no anotó goles, su campaña como futbolista seguirá en el recuerdo como uno de los mejores deportistas que ha tenido el país.

jueves, 2 de julio de 2009

EL CAPITÁN ETERNO

Juan Camilo Gallego Castro
jcamilogallego@gmail.com


Cuando el pibe Valderrama le dijo adiós a la Selección Colombia, Andrés Escobar recibió la cinta de capitán del entrenador Francisco Maturana por su caballerosidad, comportamiento, profesionalismo y gran personalidad que lo caracterizaba dentro del grupo.

Con solo 20 años, Andrés debutó con la camiseta verde en 1987, aunque jugó en el Young Boys de Suiza, su carrera con Atlético Nacional marcó su historial como deportista.

Fue pretendido por la Fiorentina y el AC Milan cuando se despidió un dos de julio de 1994 por razones inexplicables. Era Franco Baresi, zaguero del equipo milanista, uno de los grandes ídolos del “Calidoso” y el jugador que posiblemente iba a reemplazar el colombiano, ya que el defensor italiano tenía 35 años y su carrera estaba expirando.

Andrés Escobar Saldarriaga nació en Medellín el 13 de marzo de 1967, y en su corta carrera como deportista profesional (siete años), el “Calidoso” fue campeón juvenil en 1985 y campeón Sub-23 en 1987 con la selección Colombia. Con Nacional ganó la Copa Libertadores de 1989 y logró el campeonato nacional en 1991 con la camiseta verde.

Alguna vez, Santiago Escobar, hermano del “Calidoso”, dijo que “mi hermano siempre soñó con jugar en el fútbol internacional. En Colombia tuvo ofertas de algunos equipos, como América, Junior y Cali, pero era tan grande el amor que sentía por Nacional, que siempre rehusó pertenecer a institución diferente a su amado Atlético Nacional”.

Andrés jugó además, 49 partidos internacionales con la Selección Colombia, pero fue el encuentro ante Inglaterra en el estadio de Wembley el más importante, porque allí anotó el primer gol de sus 17 conseguidos en su corta carrera.

El “Calidoso” participó de la Copa América de 1989, jugó las eliminatorias y el Mundial de Italia 1990, además de la cita mundialista cuatro años más tarde.

Hoy se cumplen quince años del asesinato de Andrés Escobar, luego de jugar el Mundial USA 1994. Un autogol fue la causa directa e indirecta de su muerte, desastrozo e incomprensible que un juego termine con la vida de los ídolos, pero su muerte debe ser una lección para una nación que se dejó llevar por los medios de comunicación hasta llegar al fracaso, la muerte y la frustración.

Esa cinta que recibió como capitán aún se conserva en la memoria colombiana. El Caballero del fútbol conserva ese liderazgo y esa tranquilidad en las familias verde y colombiana, porque Andrés continuará en nuestra memoria para tener presente que el fútbol es un juego, un espectáculo y una expresión de la vida, no lo contrario.

ANDRÉS ESCOBAR, UNA GAMBETA A LA MUERTE

lunes, 1 de junio de 2009

DE ZUBELDÍA A MATURANA

Juan Camilo Gallego Castro

En 1970 Nacional terminó último en el campeonato colombiano, pocos años atrás el club había sido comprado por Hernán Botero Moreno, siendo todavía uno de los clubes con peor rendimiento dentro del fútbol local.

Nacional no era el club que hoy conocemos, al final de ese año, Botero Moreno viajó al sur del continente para traer lo mejor que pudiera con 10 mil dólares. Pero consiguió una hazaña, con ese dinero consiguió los pases de cuatro jugadores como el arquero Raúl Navarro, el defensa Óscar Calics y el volante Tito Gómez, estos argentinos se unieron a Jorge Hugo Fernández quien había llegado hacía poco tiempo al equipo.

En 1971 Nacional terminó subcampeón, pero dos años más tarde consigue el segundo título y comienza a configurar el equipo de fútbol más grande que haya dado este país. En 1976 llega Osvaldo Zubeldía, campeón del mundo con Estudiantes de La Plata. Desde su llegada parte la historia de Atlético Nacional en dos: antes y después del maestro.

Bajo la dirección de Zubeldía, el club verde consigue los títulos de 1976 y 1981, pero más que eso, forma la escuelita, la estrategia perfecta para formar la familia verdolaga, de terminar de formar los grandes jugadores que llegaban y de darle la oportunidad a los que apenas nacían en la profesión como Pedro Sarmiento, Norberto Peluffo y Hernán Darío Herrera, entre otros.

Aunque Zubeldía muere en 1981, su aporte a la familia verde marca el inicio de la gran hazaña colombiana, ganar una Copa Libertadores. De la escuela de Osvaldo surgen algunos de los técnicos más reconocidos del país como Pedro Sarmiento, Luis Fernando Suárez, Norberto Peluffo, Hernán Darío Herrera, Gabriel Jaime Gómez, Santiago Escobar, Hernán Darío Gómez y Francisco Maturana.

Y es Pacho el máximo y fiel alumno de Zubeldía, este chocoano nacido en 1949 consigue la hazaña del país, porque en la Copa Libertadores “Medellín se trasladó a Bogotá y uno veía gente normal, gente como uno que estaba totalmente absorbida por el fenómeno verde, entonces fue la unión de todos los elementos antioqueños alrededor del Atlético Nacional porque Nacional era Antioquia. Entonces había licencia para que todos celebraran y se creara esa fuerza y esa energía positiva para redondear una historia importante”, comentaba Maturana, el dirigente de una gran escuela, la escuela criolla del fútbol colombiano, porque si Zubeldía creó la escuela, Maturana graduó a todos los alumnos con la Copa Libertadores.

René Higuita, León Fernando Villa, Luis Alfonso Fajardo, Andrés Escobar, Gildardo Gómez, Luis Carlos Perea, John Jairo Carmona, Juan Jairo Galeano, Leonel Álvarez, Ricardo Pérez, Alexis García, Iván Darío Castañeda, John Jairo Tréllez, Didí Álex Valderrama, Jaime Arango, Luis Fernando Herrera, Luis Fernando Suárez, Felipe Pérez, Óscar Galeano, Albeiro Usuriaga, Níver Arboleda, Miguel Núñez, José Fernando Castañeda, Jaime Sierra Porras y Geovannis Cassiani conformaron la institución más gloriosa del país, el club que gana su primer título internacional y el más grande que haya logrado.

Maturana fue el héroe, ‘Bolillo’ el escudero y acompañante. Cuando se cumplen 20 años de la obtención de la Copa Libertadores, ese 31 de mayo de 1989 nunca se va a olvidar, el triunfo nos convirtió en el mejor y más grande club del país, agregándole la mayor hinchada de Colombia.

Como si fuera hoy, aunque se ganó ayer, la Copa Libertadores tiene dos protagonistas que forjaron una institución diferente desde la dirección técnica. Zubeldía inició la escuela y Maturana la graduó.

NACIONAL CAMPEÓN COPA LIBERTADORES 1989